Hoy se celebra el Día del enfermero: el oficio invisible que sostiene la vida cotidiana

En el Día Internacional de la Enfermería, vale la pena detenerse en lo que significa cuidar cuando la vida está en juego. No es solo técnica. Es presencia constante, estén donde estén.

Hoy se celebra el Día del enfermero, fecha establecida cada 12 de mayo en homenaje al natalicio de Florence Nightingale, fundadora de la enfermería moderna. Es un día para reconocer a quienes sostienen el sistema de salud desde el lugar más cercano al paciente.

Cuidar es un acto que no se aprende solo en los libros. El enfermero llega cuando el médico hace el diagnóstico y cuando la familia no sabe qué hacer. Está en el turno de las 3 a.m., en la mano que sostiene a un paciente asustado, en la nota que explica al familiar cómo darle el medicamento sin equivocarse.

Pero su valor va más allá del hospital. Siempre están al servicio de los enfermos de la comunidad, tanto en hospitales y salitas barriales como en lugares inhóspitos donde parece que nadie más llega. Ahí, con lo que tienen a mano, hacen su labor de la mejor manera para ayudar a cada enfermo, a cada paciente, sin distinguir contexto ni condiciones.

El enfermero ocupa esa zona intermedia entre la medicina y la vida diaria. No opera ni receta, pero sin su juicio clínico, su observación constante y su capacidad de anticipar complicaciones, los sistemas de salud colapsan. La Organización Panamericana de la Salud lo dice sin rodeos: son la columna vertebral de la atención sanitaria.

Florence Nightingale entendió esto en 1854. En los hospitales de Crimea bajó la mortalidad del 42% al 2% solo con higiene, ventilación y seguimiento. Casi 170 años después, el principio no cambió: la diferencia entre recuperarse o empeorar muchas veces está en detalles que solo alguien presente 24 horas puede detectar.

Y hay otra capa menos visible. El enfermero carga con el peso emocional que otros no ven. Acompaña muertes, traduce diagnósticos duros a un lenguaje que la familia pueda soportar, y vuelve al día siguiente. Eso exige una forma de fortaleza que no figura en el título universitario: saber estar con el dolor sin anestesiarse, y con la esperanza sin volverse ingenuo.

Hoy hay casi 30 millones de enfermeros en el mundo. Celebrar este día no debería ser solo un acto simbólico. Es un recordatorio de que cualquier sistema de salud que pretenda ser humano necesita cuidar primero a quienes cuidan.

Porque al final, ser enfermero no es solo un trabajo. Es elegir estar presente cuando la mayoría preferiría mirar para otro lado. (por Valma Astudillo)

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