Después de más de tres décadas, el destino volvió a unirlos. Miguel y Gabriela, dos médicos que compartieron su juventud mientras estudiaban en Córdoba, se reencontraron tras 32 años de caminos separados y eligieron Las Grutas como escenario para celebrar esta nueva etapa de sus vidas.
La historia comenzó hace muchos años, cuando ambos eran pareja durante su etapa de formación universitaria. Las distintas circunstancias de la vida —mudanzas, trabajos y decisiones personales— los llevaron por rumbos diferentes. Miguel, oriundo de La Rioja pero rionegrino por adopción, se radicó en Viedma, donde hoy se desempeña como director del sistema de emergencias de salud (SIARME). Gabriela, también médica, desarrolló su carrera a nivel nacional.
Aunque nunca perdieron del todo el contacto emocional, el reencuentro parecía esquivo. No había redes sociales, no había coincidencias. Hasta que un cumpleaños marcó el punto de inflexión. Decidieron volver a intentarlo, se buscaron nuevamente y, esta vez sí, se encontraron. El vínculo resurgió con fuerza y el amor volvió a ocupar su lugar.
“Siempre nos buscamos, pero no nos encontrábamos. Hasta que un día volvimos a las redes y ahí pasó”, contó Miguel. Desde entonces, decidieron apostar nuevamente a la vida en común.
Hoy, con 61 y 58 años —Gabriela cumplió años el pasado 17 de enero— celebran su reencuentro con un viaje a la costa rionegrina. “Como regalo nos vinimos unos días acá”, relataron, visiblemente emocionados, disfrutando del mar, el paisaje y la tranquilidad de Las Grutas.
El paso no fue menor: Gabriela tomó la decisión de dejar su trabajo a nivel nacional para mudarse a Viedma y comenzar esta nueva etapa junto a Miguel. Una elección profunda y valiente, que ambos destacan como símbolo del compromiso que asumieron.
“Estamos muy contentos”, coincidieron. Y la reflexión final resume el espíritu de la historia: el amor verdadero no entiende de calendarios. A veces se toma su tiempo, pero cuando regresa, lo hace con más fuerza. En esta etapa de la vida —entre los 50 y los 65—, Miguel lo define como “una nueva juventud”, y su historia es prueba de que nunca es tarde para volver a empezar.